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enero 2019 | 12
Publicación sobre arte, diseño y educación
ISSN 2255-4564
Hobsbawm sobre el arte y la vanguardia
Eric J. Hobsbawm en conversación con Antoine Spire
Estoy convencido desde hace mucho tiempo de las verdaderas transformaciones artísticas (nuestra manera de ver el mundo) no proceden de los paladines de la vanguardia, sino de una especie de industrialización del proceso de creación, de una reproductividad en el arte.
Luis Buñuel, El perro andaluz

Quería abordar la cuestión del arte y la cultura. Es usted muy severo con respecto a la vanguardia artística y dice que se sobrestima su poder de transformar las cosas. Según usted, el arte y la cultura han sido reemplazados por las industrias culturales, las listas de éxitos musicales, los videojuegos, etc. Es verdad que las artes que se están creando están reservadas a la élite, pero ¿no cree que alcanzan al menos a una gran parte de la población y que tienen una influencia subterránea mucho más importante de lo que se cree?

 

Tengo que decir que soy bastante populista y antielitista. Estoy convencido desde hace mucho tiempo de las verdaderas transformaciones artísticas (nuestra manera de ver el mundo) no proceden de los paladines de la vanguardia, sino de una especie de industrialización del proceso de creación, de una reproductividad en el arte. Por otro lado, también estoy muy convencido de la importancia de las fuentes populares en el arte. El jazz, especialmente, al que soy muy aficionado, el tango argentino, la música latinoamericana no son una creación de las élites, sino todo lo contrario. En mi opinión, las élites y la vanguardia han sido incluso más reticentes frente a sus trayectorias. Por ejemplo, ¡la vanguardia no se interesó por el cine hasta veinte años después de su invención!

 

De acuerdo, ¡pero cuando la vanguardia se interesó por el cine, éste transformó el mundo!

 

No, el cine ya hacía mucho tiempo que había empezado a cambiar el mundo. Los representantes de la vanguardia contribuyeron a ello más tarde, justamente adoptando la estructura de lo que era la industria del espectáculo y adaptándose a ella. Lo mismo pasó con la música: los adeptos de la vanguardia que pretendían experimentar generando ruidos electrónicos nunca llegaron a ninguna parte, mientras que, a través de los grupos de jazz de Europa y de las industrias del fonógrafo, hemos asistido a la generalización de verdaderas revoluciones. La vanguardia ha hecho lo que siempre ha hecho: perder el contacto con las masas, aunque albergue de vez en cuando enormes talentos; Picasso es un ejemplo de ello. Pronuncié una conferencia sobre la vanguardia como retaguardia.

 

¡La vanguardia como retaguardia es, como poco, paradójico! Todo lo que acaba de decir muestra, por el contrario, que cuando la vanguardia ha tenido medios de difusión de su arte y de su pensamiento ha sido eficaz. La difusión masiva ha sido decisiva…

 

Ha habido momentos en los que la vanguardia ha tenido un contacto con las masas a las que siempre pretendía impresionar; fue a finales del siglo XIX, a través del compromiso social y político. El deseo de los partidarios de la vanguardia de transformar el mundo, tanto estética como socialmente, funcionó y, por ejemplo, creó en gran parte la arquitectura moderna. Pero tras eso había una utopía social. No era solo la idea de una construcción rectilínea, sino proyectos de ciudades radiantes, de una manera de vivir adecuada al nuevo siglo, etc. Esa gente, que aspiraba a cambiar la sociedad, lo hizo en un cierto sentido, pero con limitaciones. Hacia finales del siglo XIX y tras la Primera Guerra Mundial se dio una politización de la vanguardia. En la época comunista la vanguardia estaba muy alejada de la transformación del mundo; la vanguardia americana de después de la Segunda Guerra Mundial no tuvo proyectos de transformación…

 

Bauahaus, Dessau, 1926

 

¡Admitirá usted al menos que el cubismo transformó nuestra visión del mundo!

 

No, fue el cine el que enseñó al mundo a mirar las cosas de otra forma… ¡El cubismo es incomprensible! Fueron la fotografía y el cine los que transformaron la mirada. ¡Lo que el viento se llevó es una producción más revolucionaria que el Guernica! Ese cuadro es una obra maestra, pero Lo que el viento se llevó transformó verdaderamente nuestra manera de ver el mundo.

Pablo Ruiz Picasso, Guernica, 1937.
Guernica atrajo la atención sobre la guerra de España e inmortalizó el combate de los republicanos españoles, mientras que Lo que el viento se llevó ¡acompañaba la ideología americana!

 

No, Lo que el viento se llevó transformó nuestra visión de la realidad del mundo. El cine lo ha hecho para todos; el cubismo, quizá lo ha hecho, pero unos pocos artistas…

 

Gone with the Wind, 1939

 

Usted dice unos pocos: su criterio es cuantitativo. ¡No es suficiente!

 

No, el cine ha dido más revolucionario en el sentido de su capacidad para cambiar nuestra manera de captar el mundo. La manera de reproducir la verdad en el cine es en sí misma revolucionaria. La pintura, desde un punto de vista tecnológico, es desgraciadamente muy industrial; aparte de las dimensiones, no se pude hacer gran cosa…

 

¿No cree que la transformación de la mirada de una pequeña élite puede conducir a la transformación de la mirada de todos?

 

En ciertas circunstancias, si. Pero la novedad del siglo XX es que las grandes fuerzas transformadoras proceden de abajo, y no de arriba. Mire un día cualquiera alguno de los anuncios de la tele: la manera como los hacen es completamente revolucionaria, mucho más revolucionaria que lo que hace la vanguardia artística…

 

Coca Cola

 

¿En qué?

 

La capacidad de síntesis, de contar historias fantásticas extraordinarias, cuentos, a veces hasta novelas en treinta segundos. Si esas técnicas son hoy comprendidas y aceptadas es gracias a la transformación que el cine ha aportado a nuestro modo de ver el mundo. La simultaneidad de las impresiones (una capacidad actual, pero ya anticipada en el siglo XIX) ha llegado a ser normal porque hemos aprendido a ver y a escuchar varias cosas compitiendo unas con otras… A mi parecer, desde la década de los cincuenta, ya no hay vanguardias en el sentido clásico del término que quiera abrirse un camino en el siglo.

 

Bauhaus, MoMA, 1938´

Hobsbawm, Eric J. en conversación con Antoine Spire. El optimismo de la voluntad. Paidós. Barcelona, 2004.

Hobsbawm, Eric J. en conversación con Antoine Spire. El optimismo de la voluntad. Paidós. Barcelona, 2004. + comprar online
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